Número 164 (abril de 2026)

Escuchar las trayectorias: jóvenes migrantes, pódcast y producción de conocimiento

Inés Martins, Amalia Creus

A veces, para comprender una trayectoria migratoria y educativa, no basta con preguntar: también hace falta escuchar. El pódcast Sonidos que cuentan historias. Relatos sonoros de aprendizaje y migración, elaborado en el marco del proyecto MyWay, parte de esta idea. La propuesta explora cómo la voz, los silencios y los paisajes sonoros pueden convertirse en una vía para comprender la experiencia vivida y producir conocimiento desde otros registros.

Hay experiencias que no se explican del todo con datos, categorías o entrevistas convencionales. Narrar no es simplemente describir lo sucedido, sino dotar de sentido a lo vivido, articular pasado, presente y futuro, y situarse frente a los condicionantes que atraviesan la propia biografía. Pero ¿cómo aproximarnos a la complejidad de estas experiencias? ¿Qué formas de relato nos permiten acercarnos a sus matices?

 

Estas preguntas están en el origen de Sonidos que cuentan historias. Relatos sonoros de aprendizaje y migración, un pódcast elaborado en el marco del proyecto «Trayectorias educativas y urbanas de jóvenes migrantes en tiempos de pandemia (MyWay)». Desde un enfoque cualitativo y narrativo, esta investigación explora barreras educativas y urbanas que condicionan las trayectorias vitales de jóvenes migrantes en Barcelona y busca comprender, desde una perspectiva situada, cómo esas barreras se hacen presentes en sus experiencias cotidianas.

 

En este contexto, pronto vimos que la palabra oral o escrita, siendo fundamental, no siempre basta para dar cuenta de todo lo vivido. Hay recuerdos, emociones y aprendizajes que no siempre encuentran fácilmente su lugar en un relato lineal. Esto se hace especialmente visible cuando trabajamos con jóvenes con trayectoria migrante, cuyas vivencias están atravesadas por desplazamientos, cambios de lengua, procesos de adaptación, pérdidas, experiencias de pertinencia, vínculos y reconstrucciones de futuro.

 

Desde esta perspectiva, nos interesaba comprender los recorridos educativos y vitales de los y las jóvenes no como trayectorias lineales, sino como procesos complejos en los que se entrelazan experiencias cotidianas, afectos, relaciones y marcos estructurales que abren o limitan posibilidades. Así, la inequidad deja de aparecer como una condición abstracta y se vuelve experiencia encarnada: algo que se vive, se recuerda y se resignifica en el curso de los trayectos.

 

Escuchar, en este contexto, no significa solo registrar testimonios. Significa abrir un espacio para que la experiencia se exprese de otras maneras. Significa reconocer que no todo puede decirse del mismo modo y que, a veces, el sonido permite acceder a capas de sentido que quedarían fuera de una entrevista más convencional. Fue precisamente en este punto donde la dimensión sonora empezó a cobrar fuerza en la investigación.

 

La propuesta del pódcast nace de una convicción sencilla, pero importante: que la voz, los silencios y los paisajes sonoros también producen conocimiento. A veces, para comprender una trayectoria migratoria y educativa, no basta con preguntar; también hace falta escuchar. Porque el sonido no solo acompaña el relato: también puede activarlo, ampliarlo y situarlo de otra manera. Puede devolvernos la atmósfera de una experiencia, la textura de un recuerdo o la intensidad emocional de un momento vivido.

 

Desde esta perspectiva, el pódcast se planteó no solo como un producto final del proyecto, sino también como una herramienta metodológica capaz de explorar la experiencia desde otros registros. Escuchar la experiencia vivida implicaba también ensayar otras formas de investigación más atentas a la memoria, a la emoción y a la complejidad de las trayectorias migratorias y educativas.

 

Un pódcast cocreado con jóvenes

 

El pódcast se desarrolló con tres jóvenes en colaboración con Transpirenaica Social y Solidaria, una entidad que desempeñó un papel importante en el proceso. Su mediación no solo facilitó el contacto, sino que también ayudó a generar un marco de confianza y acompañamiento imprescindible para trabajar desde la escucha y el reconocimiento.

 

Las y los jóvenes participantes provenían de Congo, Marruecos y Guinea Ecuatorial, y habían llegado a España durante su infancia o adolescencia. A lo largo del tiempo habían construido trayectorias educativas marcadas por aprendizajes, vínculos y proyectos personales. El pódcast permitió combinar distintos registros sonoros y crear un entorno de cocreación y aprendizaje compartido, integrándose así en parte del propio proceso de investigación. Fragmentos musicales, sonidos ambientales vinculados a la infancia, la familia o los contextos de origen funcionaron como disparadores de la memoria. A partir de ellos, los relatos personales se entrelazaron con sonoridades evocadoras de emociones y experiencias significativas. De este modo, el sonido se convirtió en un medio para narrar procesos de aprendizaje, experiencias migratorias y momentos de inflexión en sus trayectorias vitales y educativas.

 

Escuchar más allá de las palabras

 

Una de las aportaciones más interesantes de esta experiencia es que desplaza el sonido del lugar secundario que a menudo ocupa en la investigación. Aquí no aparece como un acompañamiento estético, sino como parte central del proceso de conocimiento. Los sonidos no ilustran una historia ya cerrada, sino que ayudan a evocarla, organizarla y dotarla de sentido.

 

El pódcast permitió explorar dimensiones que suelen quedar fuera de los formatos académicos más tradicionales. La voz no transmite solo información: también comunica acentos, ritmos, vacilaciones, seguridades y afectos. Los ambientes sonoros, por su parte, sitúan los relatos en una atmósfera concreta y conectan la memoria con espacios, vínculos y emociones. Todo ello amplía la comprensión de las trayectorias migratorias y educativas, no como procesos lineales, sino como recorridos llenos de interrupciones, apoyos, barreras y posibilidades.

 

Esta forma de trabajo resulta especialmente valiosa cuando investigamos con jóvenes con trayectoria migratoria. En lugar de reducir sus experiencias a categorías como vulnerabilidad, adaptación o integración, el pódcast permite acercarse a sus historias desde una lógica más abierta, situada y relacional. Escuchamos no solo lo que han vivido, sino también cómo lo narran, qué recuerdos activan, qué sonidos asocian a momentos clave de su recorrido y qué sentidos construyen sobre su propio aprendizaje.

 

En sus relatos se aprecian con claridad los procesos de transición, las decisiones educativas y los aprendizajes acumulados desde su llegada al país. También se hacen visibles las barreras estructurales que atraviesan sus recorridos, pero junto a ellas emergen los apoyos, las redes y las formas de agencia que sostienen la continuidad. En ese sentido, el pódcast funcionó como una metodología de ampliación expresiva, capaz de capturar dimensiones de la experiencia que difícilmente habrían emergido solo a través de medios verbales o escritos.

 

Investigar desde la escucha y el cuidado

 

Aquí también hay una importante dimensión ética. Producir conocimiento con otras personas implica preguntarse siempre cómo representamos sus experiencias y desde qué lugar lo hacemos. En este sentido, el trabajo sonoro favorece formas de participación más horizontales, porque reconoce que no todo conocimiento pasa por el lenguaje académico ni por los modos convencionales de narrar.

 

La cocreación del pódcast fortaleció precisamente esa agencia. Las personas participantes no fueron solo fuente de información, sino coautoras de una narración que entrelaza memoria, emoción y reflexión. Y ese desplazamiento no es menor: supone entender la investigación menos como extracción de relatos y más como espacio de encuentro, escucha y construcción compartida de sentido.

 

En un momento en que la universidad y la investigación están llamadas a buscar formas más abiertas de comunicar y producir saber, experiencias como esta muestran el potencial del sonido como herramienta metodológica y narrativa. Escuchar también puede ser una forma de investigar, de cuidar y de comprender.

 

Tal vez ahí resida una de las principales aportaciones de este trabajo: recordar la importancia de escuchar las voces de jóvenes migrantes no como testimonios periféricos, sino como saberes capaces de interpelar nuestras formas de investigar, educar y representar la experiencia. En esa escucha se abre también una posibilidad de «abrir grietas», en el sentido que plantea Catherine Walsh: grietas desde las que cuestionar marcos rígidos, reconocer otras formas de conocimiento y avanzar hacia prácticas de investigación y educación más inclusivas.

 

Imagen de portada:

Foto de mujer con micrófono. Fuente: Pexels/www.kaboompics.com.

 

Citación recomendada

MARTINS, Inés; CREUS, Amalia. «Escuchar las trayectorias: jóvenes migrantes, pódcast y producción de conocimiento». COMeIN [en línea], abril 2026, no. 164. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n164.2630

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