Dossier: «Realidades y desafíos de la Unión Europea»NÚMERO 3 (MAYO 2015)
Convergencia europea líquida
Resumen

El proyecto de unificación económica y monetaria se sustentaba en la perspectiva de que una mayor estabilidad macroeconómica favorecería el progreso de las condiciones de vida de la población europea, principalmente en el caso de los países con menor nivel de renta. La productividad laboral es uno de los principales indicadores de competitividad internacional de una economía y revela, al mismo tiempo, la capacidad de una sociedad para mejorar su bienestar. El análisis de su evolución nos muestra cómo las opciones de convergencia en productividad están condicionadas por el modelo de crecimiento económico impulsado y por la estrategia actual de respuesta a la crisis financiera.

productividad;  convergencia;  crisis financiera;  Unión Europea; 
Abstract

The Economic Monetary Union project was founded with the expectation that a greater level of macroeconomic stability would help to improve living conditions for the European population, especially in countries with lower incomes. Labour productivity is one of the main indicators of an economy's international competitiveness, and is also a measure of a society's capacity to improve its wellbeing. Analysis of the project's evolution demonstrates how possibilities for convergence in productivity are conditioned by the economic growth model in place, and also by the strategy used in response to the financial crisis.

productivity;  convergence;  financial crisis;  European Union; 
Introducción

En Liquid Times. Living in an Age of Uncertainty (2007), el prestigioso sociólogo polaco Zygmunt Bauman nos habla de la vida líquida moderna y de sus temores. La revolución tecnológica digital y la globalización de los mercados de capital y mercancías nos llevan a unas sociedades plenamente abiertas, tanto desde el punto de vista material como intelectual, de modo que cualquier percepción de injusticia es rápidamente manifestada y exige a gritos ser reparada, pero dicha apertura se ve acompañada a su vez por un elevado grado de incertidumbre, ya que muchas de las dimensiones de la globalización, en palabras de Bauman, muestran un menosprecio unánime por el principio de la soberanía territorial y no sienten ningún respeto por las fronteras estatales.

Hoy gran parte de la población se siente pues vulnerable y abrumada por fuerzas y fenómenos que ni controla ni comprende del todo y percibe que su destino no es independiente de lo que acontece en el resto del mundo. Es coherente, por tanto, que muchas sociedades busquen refugio diluyéndose en comunidades más amplias y prósperas. Si los recursos propios no son garantía suficiente, compartamos los de la colectividad para ganar en seguridad y confianza.

El colapso económico y la creciente polarización de los ingresos tras la tormenta financiera, iniciada precisamente el año de publicación de la obra de Bauman, desvela el sesgo de los procesos sustentados en la receta de lo que el autor llama mercados sin fronteras.

Pocas iniciativas económicas han sido recibidas con tanto entusiasmo como el proyecto de impulso integrador que representó el Acta Única Europea, la creación del Mercado Único y, en última instancia, la unión económica y monetaria. En general, la sociedad aceptó el proceso de buen grado porque se convenció de que uno de sus elementos más trascendentales era la perspectiva de una mejora en las condiciones generales de vida de la población. El progreso en la calidad de vida de los ciudadanos y la salud misma del proyecto de integración se sustentarían en una mayor estabilidad económica, que debería generar más oportunidades de empleo y una mayor generación de riqueza. Un argumento poderoso para las sociedades europeas meridionales, de larga tradición en desequilibrios macroeconómicos.

Sin embargo, la realidad actual es muy distinta de los escenarios previstos al inicio de la unión monetaria. Los países más afectados por la crisis financiera muestran hoy niveles de desempleo y desigualdad en la distribución de la renta muy superiores al punto de partida de la unión. Evidentemente, los errores de diseño en el proyecto de unificación monetaria son uno de los responsables principales de este desaguisado, pero la gestión política de la crisis financiera e institucional de la Unión Europea ha conducido, a su vez, a un estado de profunda desafección con el proyecto europeo, tanto en lo que se refiere a las prioridades reveladas como al reparto de los costes del ajuste.

Evolución de la productividad laboral

El desencanto ante las expectativas generadas es un motivo importante de decepción. Una de las principales aspiraciones de las sociedades europeas que se adhirieron progresivamente al proceso de integración regional es la llamada convergencia real. Es decir, no solo aspirar a una mejora económica continua sino también aproximarse a los niveles de desarrollo de las economías más avanzadas del grupo. Los postulados económicos neoclásicos nos indican que la liberalización de los intercambios comerciales y la movilidad internacional de factores en última instancia propiciarían una aproximación muy significativa de los niveles de renta en el área integrada.

¿Qué ha sucedido? Dado que, junto con el empleo, la productividad es la principal fuerza motriz de progreso económico y bienestar social, sería conveniente analizar su comportamiento. Así, la convergencia en los niveles de productividad constituye un test indirecto sobre el avance cualitativo observado en el proceso de integración. A continuación estudiamos cuál ha sido la evolución de la productividad laboral1 desde la implementación de la unión monetaria y si se detecta un proceso de convergencia entre los países que configuran la Unión Europea2.

En la medida en que durante el periodo analizado en este artículo (2000-2013) coincide la puesta en marcha de la unión monetaria con distintos procesos de ampliación, también sería conveniente ampliar el análisis a fin de identificar la presencia de comportamientos diferentes entre economías. De ese modo, de acuerdo con su nivel de renta y el calendario de integración, se agrupan los socios de la unión en tres categorías: economías centrales, economías meridionales y economías candidatas o en transición.

En la literatura económica, la convergencia ha sido analizada y medida desde diferentes perspectivas. Como punto de partida utilizaremos los dos métodos más habituales: las llamadas σ-convergencia y β-convergencia.

 

Por un lado, mediante el cálculo de la σ-convergencia podemos identificar cómo ha evolucionado durante este periodo la dispersión del valor de la productividad laboral en el conjunto de las 27 economías de la Unión Europea3.

 

En el siguiente gráfico se muestran los resultados. Con el transcurso del tiempo la desigualdad en productividad se ha reducido sensiblemente (un 19% acumulado, lo que representa una tasa media de reducción del 1,4% anual). Deben citarse dos aspectos relevantes. Primero, que durante el periodo expansivo del ciclo económico la reducción fue mucho más acusada (a un ritmo del 1,9% anual), mientras que con la llegada de la crisis financiera se ha ralentizado sensiblemente el ritmo de convergencia en productividad laboral (hasta el 0,9%). Segundo, que pese al proceso de reducción progresiva de las disparidades, la desigualdad existente todavía es muy importante. A modo de ejemplo, las economías que presentan valores más modestos de productividad por hora trabajada se sitúan a una quinta parte del nivel alcanzado por los socios comunitarios más productivos.
 

 

Gráfico 1. Evolución de la sigma-convergencia

 

Gráfico 1. Evolución sigma-convergencia

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

 

Dado que la σ-convergencia presenta limitaciones importantes, pues la ponderación atribuida a cada país es la misma, se suele utilizar el índice de Theil como medida complementaria de análisis de la evolución de la dispersión. Se calcula a partir de la expresión siguiente:

T (y)= Σn1 pi ln (µ/yi)

Donde pi representa el peso relativo del empleo en el país i, µ es la productividad laboral media en el conjunto de la Unión Europea e yi indica la productividad laboral del país i.

Los resultados obtenidos confirman tanto que la dispersión en productividad se ha reducido apreciablemente en el conjunto del periodo, como principalmente que el grueso de la corrección se ha producido durante el intervalo alcista del ciclo económico. La convergencia europea en productividades parecería pues ser una realidad, aunque menguante.
 

Gráfico 2. Índice de Theil

Gráfico 2. Índice de Theil

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

 

Sin embargo, el análisis de convergencia es parcial. Mediante el método de la β-convergencia tratamos de enriquecer la investigación al considerar no solo si la productividad del conjunto de economías tiende a acercarse en el tiempo, sino también si las economías más pobres pueden alcanzar en algún momento futuro a las más ricas. Con este fin, a partir de la estimación de ecuaciones de convergencia, comparamos los ritmos de crecimiento de la productividad de las distintas economías. De ese modo, la variable dependiente del modelo es la tasa de crecimiento anual de la productividad laboral y la variable independiente es el valor de la productividad al inicio del periodo (YL0).

Dado que durante el periodo analizado coincide un cambio acusado de ciclo económico con el proceso de ampliación de la unión, también se tratará de inferir si diferentes grupos de economías muestran comportamientos distintos entre sí4. Si este fuera el caso, se detectaría que el proceso de convergencia no es absoluto sino relativo o condicionado, ya que está vinculado a características o parámetros económicos que son comunes entre algunos países.

El siguiente cuadro presenta el resultado de la estimación lineal sobre la β-convergencia de la productividad laboral. Como se puede observar, aparentemente se podría identificar un proceso de convergencia pero a un ritmo muy lento (una tasa media de crecimiento del 0,07% anual). En cambio, la inclusión en el modelo de otras variables permite mejorar su fiabilidad y capacidad predictiva. Además, también evidencia que la mejora de la convergencia es condicionada, ya que resulta estrictamente del mayor crecimiento de la productividad en las economías del centro y este europeo que en el inicio del periodo eran candidatas al proceso de integración. En su caso se pone de manifiesto una tasa de reducción del diferencial mucho más acusada (cercana al 2,4% anual) pero no se detecta en cambio que las economías de menor renta ya integradas en la Unión Europea en el año 2000 hayan podido reducir significativamente su diferencial ni tampoco se constata que el hecho de pertenecer a la eurozona haya tenido ningún efecto apreciablemente distintivo sobre la evolución de la productividad.

 

I

II

III

IV

Constante

3,684

(0,360)

1,390

(0,563)

1,137

(0,672)

1,367

(0,611)

YL0

-0,073

(0,01)

-0,014

(0,016)

-0,009

(0,018)

-0,014

(0,016)

Economías candidatas

 

2,398

(0,518)

2,613

(0,606)

2,423

(0,578)

Economías meridionales

   

0,343

(0,487)

 

Eurozona

     

0,048

(0,423)

         

F

33,81

41,45

27,21

26,50

R2

0,575

0,775

0,780

0,776

Nota: Entre paréntesis el valor de los errores estándar de los estimadores.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

Dos factores potenciales podrían haber favorecido el diferencial de mejora en la productividad en las economías candidatas. Por un lado, la presencia de un cambio estructural favorable y, por otro, una mayor inversión en los factores de crecimiento económico.

De ese modo, si se calcula y analiza la evolución del indicador de desigualdad sectorial5, se observa que la disparidad disminuye sensiblemente (de 0,971 a 0,871) durante la fase alcista del ciclo económico, coincidiendo con los años anteriores a la adhesión de muchas de estas economías. En la medida en que se detecta un claro trasvase de empleo en el conjunto de economías candidatas desde sectores de baja productividad como la agricultura (del 21,5 al 14,4%) hacia actividades más productivas como los servicios (del 47,2 al 52,8%) se favorece el proceso de convergencia. Y, pese a que el resto de las economías de la unión también aumentan su terciarización (del 62,7 al 66,9%), lo hacen en detrimento de la ocupación industrial, de modo que su ganancia en productividad es mucho menor. A su vez, los nuevos socios europeos siguen manteniendo tras la adhesión una especialización elevada en actividades manufactureras (superior en cuatro puntos a la media europea).
 

Gráfico 3. Índice de desigualdad sectorial

Gráfico 3. Índice de desigualdad sectorial

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

 

Esta transición no solo evidencia que la homogeneización de estructuras productivas ha contribuido a la menor dispersión en productividades, también pone de manifiesto las limitaciones del modelo de crecimiento de las economías meridionales que tuvieron en la construcción su principal fuente de empleo durante el periodo 2000-2007 (la especialización en estas actividades aumentó del 10,5 al 12,2%), poniendo los cimientos de la posterior crisis hipotecaria.

Posteriormente, el cambio sectorial continúa favoreciendo la convergencia (el indicador pasa de 0,871 a 0,816) pero la mejora se corresponde ya estrictamente con un intenso ajuste de la ocupación en el sector de la construcción en el sur de Europa (que pierde cuatro puntos porcentuales) y con el avance relativo del empleo en el sector servicios.

En lo que se refiere a los factores determinantes del crecimiento de la productividad, el cuadro siguiente muestra cómo la mayor acumulación relativa de capital físico, humano y tecnológico ha propiciado la mejora de la productividad laboral en las economías en transición, pero que este no ha sido el caso de las economías meridionales, a causa de su especialización desfavorable en actividades intensivas en mano de obra pero de limitada productividad. La eficiencia de estas inversiones en las economías del sur de Europa es pues limitada, ya que la evolución de la productividad no es suficiente para recuperar terreno en relación con las economías centrales, de mayor renta relativa. De hecho, tan solo revierte su desventaja durante la crisis, a costa de una fuerte destrucción de empleo y con retrocesos importantes de la inversión en factores de crecimiento. La recuperación reciente del diferencial de productividad en el sur de Europa frente a las economías líderes de la unión es pues tan solo aparente, ya que se debe al cambio de ciclo económico y no a una mayor inversión.

 

Δ tasas de ocupación

Δ productividad laboral por hora trabajada

(media anual)

 
 

2000-2007

2007-2013

2000-2007

2007-2013

2000-2013

 

Economías centrales

2,3

-0,4

1,7%

-0,2%

0,8%

 

Economías meridionales

3,9

-7,1

1,6%

0,7%

1,2%

 

Economías en transición

4,6

-0,7

5,1%

1,5%

3,4%

 
             
             

Eurozona

3,1

-3,4

1,6%

0,1%

0,9%

 

UE sin euro

3,9

0,4

3,1%

0,6%

1,9%

 
             
 

Δ Formación bruta capital (media anual)

Δ ocupados educación superior

(media anual)

Δ Inversión R+D

(media anual)

 

2000-2007

2007-2013

2000-2007

2007-2013

2000-2007

2007-2013

Economías centrales

3,5%

0,9%

3,1%

3,3%

4,0%

2,0%

Economías meridionales

7,3%

-1,1%

6,8%

1,1%

10,1%

1,7%

Economías en transición

10,1%

2,8%

4,8%

4,7%

12,8%

9,4%

             
             

Eurozona

4,8%

0,6%

3,9%

2,6%

5,5%

2,5%

UE sin euro

3,9%

1,0%

4,0%

4,2%

4,4%

3,1%

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Eurostat.

En los años de ciclo económico expansivo disminuyó la dispersión de rentas por habitante entre las economías europeas porque tanto las economías meridionales como los nuevos miembros mostraron un crecimiento económico sensiblemente superior a los países más acomodados. Esta tendencia se favoreció por una mayor convergencia tanto en las tasas de ocupación como en los niveles de productividad laboral, si bien con comportamientos muy diferenciados entre grupos de países. La mejora de la convergencia en rentas hasta el año 2007 se explica esencialmente por la mayor incorporación de trabajo en las economías de menor renta y por un incremento sensible de la productividad por hora trabajada en las economías candidatas a formar parte de la unión. En cambio, el aumento de la ocupación en la Europa meridional no se acompañó de un incremento de la productividad suficiente para reducir distancia con las economías centrales.

Conclusiones

Los límites a la convergencia de rentas se descubren con el estallido de la crisis financiera, ya que se revelan las deficiencias del modelo de crecimiento de las economías meridionales, intensivo en trabajo de escasa cualificación. De ese modo, el ajuste posterior conduce los niveles de empleo del sur de Europa a estados anteriores a la llegada del euro. En cambio, la intensidad del ajuste laboral es notablemente inferior en otros países miembros. El proceso de convergencia en productividad de la Europa meridional ha tenido pues unas bases poco consistentes, ya que se ha descompuesto a un ritmo mucho más rápido de lo que tardó en formarse, al no solidificarse en muchas de estas economías un modelo productivo competitivo y sostenible.

La gestión autóctona de la crisis ha provocado además que la eurozona deje de ser marco de referencia para el progreso económico para convertirse en un puro refugio frente a las tensiones de los mercados financieros. Evidentemente, cada nuevo paso en el camino de la integración exigía renuncias en algún aspecto de la soberanía de los países implicados, unas concesiones que en el ámbito de la política económica se traducían en una creciente pérdida de autonomía. El avance de la integración tenía pues unos costes y exigía a su vez un preciso diseño técnico de los mecanismos de coordinación e instrumentos de compensación, que deberían haber sido mucho más sofisticados y eficaces de los finalmente existentes.

No faltaron advertencias sobre las insuficiencias y los errores de diseño de dichos mecanismos, que, como en casi todo en la vida, harían notar más sus efectos cuando llegase la época de las penurias. En cualquier caso, pese a no haber concretado las válvulas de seguridad necesarias para que el área monetaria funcionara correctamente, se fueron abriendo progresivamente todas las compuertas y se inició la navegación con el entusiasmo del que está convencido de que efectivamente el movimiento se demuestra caminando y que tal vez sea más importante el camino que el propio destino final.

En un contexto de libre movilidad de capitales, la creación de una unión monetaria representaba el abandono irreversible de la gestión del tipo de cambio y la cesión de la política monetaria a un nuevo banco central, único para toda la zona integrada. Esta apuesta ambiciosa exigía definir nítidamente un mecanismo de resolución de los problemas económicos que con toda probabilidad las economías de la eurozona acabarían padeciendo en algún momento del futuro.

Por un lado, se priorizó la libre circulación de capital a los cambios institucionales y productivos que eran necesarios para conseguir un funcionamiento colectivamente eficiente. Quien opta por un modelo productivo insostenible y cuando sopla el viento de popa mira hacia otro lado evidentemente lo acaba pagando. Por el otro, una vez llegó la crisis, los socios con posición acreedora no han estimulado su economía y han forzado a sus colegas a un ajuste fiscal todavía más severo. Las herramientas de respuesta previstas para afrontar una perturbación asimétrica se han obviado y la solidaridad interterritorial se ha restringido esencialmente al sector financiero.

El estallido de la crisis financiera ha conducido pues al colapso económico del proyecto emblemático de integración europea, una adversidad que evidencia las dificultades de querer compaginar la necesaria generosidad que requiere la coordinación e integración económicas con la obsesión política de pretender utilizar en beneficio propio instituciones comunes para defender intereses y objetivos particulares.

El resultado final es una respuesta poco inteligente al primer reto de envergadura que ha debido afrontar la eurozona. Hoy Europa es un tablero de juego donde los argumentos tácticos pesan más que los estratégicos y la esperanza de vida de las piezas decrece.

 

Notas
  1. Expresada como el cociente entre el valor añadido bruto y el número de horas trabajadas.
  2. En este estudio se consideran como tal todas las economías de la Unión Europea con excepción de Croacia, que no se incorporó al proceso de integración hasta el año 2013.
  3. Calculada como la desviación estándar del logaritmo de la productividad laboral.
  4. Incluyendo en el modelo variables dummy que identifiquen a los países que forman parte de cada uno de los grupos indicados.
  5. Calculado a partir de la siguiente expresión: IDi = [Σn1 (Sij - µij) / n], donde Sij es el peso del sector i en el país j, µi es el peso del sector i en el conjunto de la Unión Europea y n el número de sectores analizado. En concreto, se ha desagregado el empleo en seis sectores productivos: agricultura, minería, manufacturas, energía, construcción y servicios.

 

 

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